Un sistema de integración para el seguimiento acústico de manadas de cetáceos en el Atlántico Norte.
Los biólogos marinos del proyecto necesitaban unificar los registros de avistamiento y las grabaciones de chasquidos de ecolocalización de tres manadas de delfines mulares. Cada equipo usaba hojas de cálculo independientes y formatos de audio incompatibles, lo que retrasaba el análisis de frecuencias y la identificación de silbidos de firma.
Se diseñó un portal centralizado que recibe los archivos de hidrófonos y los metadatos de campo (fecha, coordenadas, salinidad superficial, tamaño del grupo). La interfaz permite etiquetar cada grabación con el código de la manada y el tipo de vocalización, y muestra un panel con las frecuencias dominantes detectadas en los últimos siete días.
El portal se desplegó en una estación de trabajo portátil a bordo del buque de investigación. Los datos se almacenan localmente y se sincronizan con el laboratorio base cada 48 horas. Se incorporó un filtro básico de ruido de embarcaciones para mejorar la relación señal/ruido en los chasquidos de baja frecuencia.
En los primeros tres meses se procesaron 1.200 horas de grabación. El equipo identificó 47 silbidos de firma nuevos y confirmó que la manada delta modifica la duración de sus clics cuando la salinidad desciende por debajo de 33 PSU. El portal redujo el tiempo de curado de datos de tres días a seis horas por semana.
Un flujo de trabajo estacional para coordinar salidas de observación de cetáceos, ajustado a las condiciones del mar y la disponibilidad de los grupos.
Este proyecto surgió de la necesidad de organizar las salidas de campo durante los picos de actividad de las manadas de orcas y delfines en el Mediterráneo occidental. En lugar de un calendario fijo, desarrollamos un sistema que prioriza las ventanas acústicas favorables: momentos en que la salinidad y la temperatura del agua optimizan la transmisión de los chasquidos de ecolocalización.
Cada temporada implica decisiones concretas: qué zonas de muestreo priorizar, cómo ajustar los horarios según las mareas y qué equipos de grabación desplegar. El resultado no es una plataforma digital, sino un protocolo de campo que ha reducido los días perdidos por malas condiciones acústicas en un 30% respecto a temporadas anteriores.
El flujo se apoya en tres restricciones prácticas: la distancia máxima entre hidrófonos, el límite de horas de navegación por salida y la necesidad de cubrir al menos dos grupos familiares distintos por semana. Estas reglas, aprendidas tras dos años de pruebas, evitan la saturación de datos y mantienen la calidad de las grabaciones.
El proyecto no busca escalar ni replicarse en otros contextos. Está pensado para un equipo pequeño, con recursos limitados, que prefiere un plan realista a una promesa ambiciosa.
Revisión de datos de salinidad y temperatura superficial para identificar días con propagación acústica estable.
Elección de dos o tres áreas de muestreo según la presencia reciente de grupos familiares y la distancia al puerto base.
Configuración de hidrófonos y grabadoras según la profundidad y el ruido ambiental previsto para la jornada.
Grabación de sesiones de 45 minutos por punto, con revisión rápida a bordo para descartar archivos con interferencias.
Cada fase incluye un criterio de parada claro para evitar la recogida de datos inutilizables.