Un proyecto centrado en decisiones prácticas y limitaciones reales durante la temporada de avistamiento de cetáceos.
Durante los picos de migración de orcas y delfines en el estrecho, los equipos de investigación necesitaban coordinar salidas de campo con embarcaciones locales. El proceso manual generaba conflictos de horarios, pérdida de datos de avistamiento y retrasos en la toma de muestras acústicas.
Se diseñó un flujo de reserva estacional que prioriza la disponibilidad de hidrófonos y la ventana de salinidad óptima para la captura de chasquidos. Cada bloque horario se asigna a un grupo familiar específico, evitando la superposición de equipos y maximizando las horas de grabación submarina.
La tasa de conflictos de horarios se redujo a cero durante la temporada. Se registraron 47 salidas exitosas, con un total de 340 horas de grabación continua de chasquidos y silbidos. La calidad de las muestras mejoró al evitar traslapes entre equipos.
Se generaron informes semanales de ocupación de embarcaciones y mapas de densidad acústica por grupo familiar. Estos documentos se compartieron con la estación de biología marina para ajustar los protocolos de la siguiente temporada.
El principal cuello de botella no fue la disponibilidad de hidrófonos, sino la coordinación con los capitanes de las embarcaciones. Para la próxima temporada se planea incluir un bloque de pre-reserva con 72 horas de antelación, permitiendo ajustar la ruta según las condiciones del mar y la posición de las manadas reportadas por otros equipos.
Un flujo de trabajo estacional para coordinar salidas de observación de cetáceos, ajustado a las condiciones del mar y la disponibilidad de los grupos.
Este proyecto surgió de la necesidad de organizar las salidas de campo durante los picos de actividad de las manadas de orcas y delfines en el Mediterráneo occidental. En lugar de un calendario fijo, desarrollamos un sistema que prioriza las ventanas acústicas favorables: momentos en que la salinidad y la temperatura del agua optimizan la transmisión de los chasquidos de ecolocalización.
Cada temporada implica decisiones concretas: qué zonas de muestreo priorizar, cómo ajustar los horarios según las mareas y qué equipos de grabación desplegar. El resultado no es una plataforma digital, sino un protocolo de campo que ha reducido los días perdidos por malas condiciones acústicas en un 30% respecto a temporadas anteriores.
El flujo se apoya en tres restricciones prácticas: la distancia máxima entre hidrófonos, el límite de horas de navegación por salida y la necesidad de cubrir al menos dos grupos familiares distintos por semana. Estas reglas, aprendidas tras dos años de pruebas, evitan la saturación de datos y mantienen la calidad de las grabaciones.
El proyecto no busca escalar ni replicarse en otros contextos. Está pensado para un equipo pequeño, con recursos limitados, que prefiere un plan realista a una promesa ambiciosa.
Revisión de datos de salinidad y temperatura superficial para identificar días con propagación acústica estable.
Elección de dos o tres áreas de muestreo según la presencia reciente de grupos familiares y la distancia al puerto base.
Configuración de hidrófonos y grabadoras según la profundidad y el ruido ambiental previsto para la jornada.
Grabación de sesiones de 45 minutos por punto, con revisión rápida a bordo para descartar archivos con interferencias.
Cada fase incluye un criterio de parada claro para evitar la recogida de datos inutilizables.